Baterías de CO2
La tecnología que empieza a interesar a los grandes data centers
Como cada comienzo de año, IEEE ha presentado 10 predicciones tecnológicas que, a su juicio, van a marcar los próximos meses y, en esta ocasión, el primer lugar se encuentra ocupado por la ya conocida como “batería de CO2”.
Llevamos muchos años enfrascados en una continua búsqueda de soluciones para el almacenamiento de energía, de forma que su producción coincida, bien con periodos valle o con posibilidad de generación renovable, y su consumo se realice en periodos punta o de ausencia de producción renovable.
En tanto la tecnología aplicada a las baterías electroquímicas va evolucionando, las soluciones más utilizadas han discurrido por otras vías, siendo una de las principales, habida cuenta de que su rendimiento es apreciable, el bombeo de agua y su posterior liberación para posterior movimiento de una turbina.
Teniendo en cuenta las limitaciones de este sistema en cuanto a la dotación de espacios suficientemente adaptados para su funcionamiento, la búsqueda de soluciones ha discurrido por otros caminos, uno de los cuales parece que puede tener un buen recorrido y no es otro que el de la batería de CO2.
La fórmula consiste en realizar un ciclo completo de CO2 entre su estado líquido y gaseoso. Producción de líquido y almacenamiento en contenedores para su posterior paso de nuevo a gas y movimiento de una turbina.
Para el almacenamiento se parte de gas localizado en una cúpula en forma del clásico invernadero. Este gas se comprime para, inmediatamente, bajar su temperatura a niveles de ambiente. A partir de ese estado, se reduce a líquido mediante condensación y se almacena en contenedores a la espera de periodos donde se tenga que recurrir a él.
El proceso de descarga de la “batería” se realiza mediante la evaporación y calentamiento del líquido, tras lo cual entra en una turbina de expansión para producir electricidad. El gas resultante, ya a baja presión, va llenando “el globo” que queda así dispuesto para el siguiente ciclo.
La primera planta (20 MW), operando desde el pasado mes de julio con esta tecnología, se encuentra en Ottana, en la isla de Cerdeña, y ha sido desarrollada por la compañía Energy Dome con sede en Milán. La cantidad de CO2 utilizada llega a las 2.000 toneladas (el gas funciona en circuito cerrado y es provisto por el suministrador de gas) y viene a tardarse aproximadamente medio día en inflar el globo
A lo largo de este año 2026 está prevista la construcción de diversas réplicas por distintos lugares en varios continentes. De hecho, Google ya ha mostrado su interés para aplicarlo en las proximidades de sus data center clave (hace unos meses se anunció su acuerdo con Energy Dome).
Por otro lado, y como todo en la vida tiene sus inconvenientes, la batería de CO2 requiere un espacio que duplica el de las equivalentes de ion-litio, al tiempo que puede quedar expuesta a condiciones climatológicas extremas. En caso de vientos por encima de los 160 km/h, que es el límite que puede soportar la estructura, la previsión climatológica con una cierta antelación permite realizar el proceso de carga y esperar, manteniendo el globo “plegado”, hasta que se recupere la situación normal. Solamente en el caso de unas hipotéticas condiciones extremas repentinas existiría riesgo de rotura y liberación de ese gas a la atmósfera lo cual se considera despreciable si se compara con las emisiones de una central térmica convencional.
